30 de enero de 2007
Población, planeta y carga ambiental
Etiquetas en Technorati: demografia, huella ecologica, malthus
Nuestro planeta está densamente poblado. Somos más de 6 mil millones de habitantes, y necesitamos de un espacio para realizar nuestras actividades, pero también para sustentar nuestra vida y la de las generaciones futuras. Esta situación fue advertida por Robert Malthus en su Primer ensayo sobre la población, publicado por primera vez en 1798. En él expone que “la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre.” (Malthus, 1997:53) Señala una relación desigual de crecimiento, donde la población aumenta geométricamente, en tanto que los alimentos disponibles lo hacer aritméticamente. Fórmulas más, fórmulas menos, quiero centrarme en la idea del efecto que tiene sobre el planeta nuestra actividad cotidiana.
Malthus se centró en la producción de alimentos para predecir una catástrofe en el momento en el que los alimentos ya no alcanzaran para gran parte de la población. Pero este efecto no debemos esperarlo por no tener tierra disponible, sino debido a la distribución guiada por criterios económicos. Lo interesante es seguir el razonamiento que lleva a dicha conclusión. Dada una cantidad de alimentos, toda redistribución que tenga por objeto aumentar la ración de uno, disminuye la de otro, por lo que siempre existirán sectores que se verán carentes de medios para su subsistencia. Pero la cosa no termina aquí: ante políticas sociales de tipo asistencialista, la entrega de dineros para la adquisición de alimentos promueve un escenario tal en que el valor de los productos aumenta pues crece la demanda y se mantiene la oferta, situación en la que una parte aun mayor de la población se ve impedida de acceder a dichos productos y, ahora midiendo el acceso a los alimentos en dinero, vemos que hay muchos otros problemas asociados como la imposibilidad de acceder a viviendas saludables, la imperiosidad de emplearse en oficios riesgosos, la falta de una educación que deja más vulnerables a las personas, entre otros.
La miseria y el vicio aparecen así como una ley natural, en tanto se presentan allí donde la población es abundante y subsiste en malas condiciones. Las epidemias, las guerras e incluso el hambre vienen a ser métodos de control para una población que crece más allá de sus posibilidades de subsistir.
Este límite a la expansión de la población y al uso de la tierra en nuestras actividades cotidianas está presente en la noción de huella ecológica, concepto que intenta cuantificar el impacto que ejercemos sobre el planeta, calculando las hectáreas que cada continente, país, ciudad y persona requiere para su subsistencia. Aquí no sólo hablamos del terreno sobre el que se emplaza nuestra casa, sino que considera la tecnología asociada a nuestras actividades. Por ejemplo, necesitamos de terrenos donde se vierte la basura que producimos, embalses para el agua que bebemos y plantas de tratamiento de aguas servidas, zonas urbanizadas donde trabajamos y estudiamos. Para nuestros alimentos necesitamos de zonas de cultivo, y una dieta fuertemente carnívora consume mucho más terreno que una basada en vegetales. Se ocupan miles de hectáreas para extraer y procesar los metales de nuestros medios de transporte, además de caminos, autopistas y aeropuertos.
Y no olvidemos que existen amplios territorios sobre los que no se puede cultivar, o que no son seguros para la edificación, o que por una u otra razón no reúnen las condiciones necesarias para ser considerados aptos para sustentar nuestras vidas.
De este modo, quizás la fórmula de Malthus no sea tan literal: el problema no es el alimento, sino el espacio total que ocupamos. Se supone que hay 1,8 há por cada persona en el mundo. La huella ecológica de Chile es de 3,1 há, algo que no alcanza a ser cubierto por nuestro planeta; si todas las personas del mundo vivieran como se hace en Chile, necesitaríamos 1,7 planetas para subsistir.
Lamentablemente, no todos viven del mismo modo. Para EE.UU. se calcula una huella ecológica de 9,6 há, siendo necesarios 11,6 planetas. Esta situación lleva a que diversos autores planteen una deuda ecológica del Norte hacia el Sur. José Borrero, abogado ambientalista, la define de la siguiente manera:
Con esto se quiere hacer patente que esas hectáreas de más ocupadas por países industrializados tienen efectos directos sobre otros países. Ya sea por el envío de basura, chatarra y desechos tóxicos, por la extracción de recursos irrecuperables o por la obediencia a los organismos internacionales que han presionado para que los agricultores utilicen fertilizantes peligrosos y semillas modificadas genéticamente, se propone cuantificar esta deuda en términos monetarios y ubicarlo al mismo nivel que la deuda externa, de modo que se aminore, se cancele o incluso los países en desarrollo pasen a convertirse en acreedores. (Pengue, 2003:51-52)
Personalmente, no confío en que los organismos internacionales hagan grandes esfuerzos por tomar en serio el concepto de deuda ecológica, pero todo esto debería plantear preguntas trascendentes para el futuro de la vida humana tal como la conocemos. ¿Cuántos más podemos ser como especie? ¿Qué tan grande será nuestra huella en el planeta? Pero además, ¿qué pasa si comenzamos a cuantificar el daño ambiental? ¿Podrán los países más gastadores comprar algo así como cuotas de carga ambiental a países en desarrollo? (Durand, 2003:33-36)
Por último, dejo el enlace para que calcules tu propia huella ecológica y nos cuentas cómo te fue.
Enlaces relacionados
Referencias
Nuestro planeta está densamente poblado. Somos más de 6 mil millones de habitantes, y necesitamos de un espacio para realizar nuestras actividades, pero también para sustentar nuestra vida y la de las generaciones futuras. Esta situación fue advertida por Robert Malthus en su Primer ensayo sobre la población, publicado por primera vez en 1798. En él expone que “la capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre.” (Malthus, 1997:53) Señala una relación desigual de crecimiento, donde la población aumenta geométricamente, en tanto que los alimentos disponibles lo hacer aritméticamente. Fórmulas más, fórmulas menos, quiero centrarme en la idea del efecto que tiene sobre el planeta nuestra actividad cotidiana.
Malthus se centró en la producción de alimentos para predecir una catástrofe en el momento en el que los alimentos ya no alcanzaran para gran parte de la población. Pero este efecto no debemos esperarlo por no tener tierra disponible, sino debido a la distribución guiada por criterios económicos. Lo interesante es seguir el razonamiento que lleva a dicha conclusión. Dada una cantidad de alimentos, toda redistribución que tenga por objeto aumentar la ración de uno, disminuye la de otro, por lo que siempre existirán sectores que se verán carentes de medios para su subsistencia. Pero la cosa no termina aquí: ante políticas sociales de tipo asistencialista, la entrega de dineros para la adquisición de alimentos promueve un escenario tal en que el valor de los productos aumenta pues crece la demanda y se mantiene la oferta, situación en la que una parte aun mayor de la población se ve impedida de acceder a dichos productos y, ahora midiendo el acceso a los alimentos en dinero, vemos que hay muchos otros problemas asociados como la imposibilidad de acceder a viviendas saludables, la imperiosidad de emplearse en oficios riesgosos, la falta de una educación que deja más vulnerables a las personas, entre otros.La miseria y el vicio aparecen así como una ley natural, en tanto se presentan allí donde la población es abundante y subsiste en malas condiciones. Las epidemias, las guerras e incluso el hambre vienen a ser métodos de control para una población que crece más allá de sus posibilidades de subsistir.
Este límite a la expansión de la población y al uso de la tierra en nuestras actividades cotidianas está presente en la noción de huella ecológica, concepto que intenta cuantificar el impacto que ejercemos sobre el planeta, calculando las hectáreas que cada continente, país, ciudad y persona requiere para su subsistencia. Aquí no sólo hablamos del terreno sobre el que se emplaza nuestra casa, sino que considera la tecnología asociada a nuestras actividades. Por ejemplo, necesitamos de terrenos donde se vierte la basura que producimos, embalses para el agua que bebemos y plantas de tratamiento de aguas servidas, zonas urbanizadas donde trabajamos y estudiamos. Para nuestros alimentos necesitamos de zonas de cultivo, y una dieta fuertemente carnívora consume mucho más terreno que una basada en vegetales. Se ocupan miles de hectáreas para extraer y procesar los metales de nuestros medios de transporte, además de caminos, autopistas y aeropuertos.
Y no olvidemos que existen amplios territorios sobre los que no se puede cultivar, o que no son seguros para la edificación, o que por una u otra razón no reúnen las condiciones necesarias para ser considerados aptos para sustentar nuestras vidas.
De este modo, quizás la fórmula de Malthus no sea tan literal: el problema no es el alimento, sino el espacio total que ocupamos. Se supone que hay 1,8 há por cada persona en el mundo. La huella ecológica de Chile es de 3,1 há, algo que no alcanza a ser cubierto por nuestro planeta; si todas las personas del mundo vivieran como se hace en Chile, necesitaríamos 1,7 planetas para subsistir.
Lamentablemente, no todos viven del mismo modo. Para EE.UU. se calcula una huella ecológica de 9,6 há, siendo necesarios 11,6 planetas. Esta situación lleva a que diversos autores planteen una deuda ecológica del Norte hacia el Sur. José Borrero, abogado ambientalista, la define de la siguiente manera:
Llamamos Deuda Ecológica al conjunto de externalidades sociales y ambientales no asumidas. De esta manera, la Deuda Ecológica de un país en particular puede expresarse o mensurarse como aquella carga adicional sobre el ambiente ocasionada al superar los límites de resiliencia de los sistemas naturales. Esa carga adicional es Deuda Ecológica, la cual no es solamente generada dentro de las fronteras geográficas de un país, sino incorporada por los productos importados.
Con esto se quiere hacer patente que esas hectáreas de más ocupadas por países industrializados tienen efectos directos sobre otros países. Ya sea por el envío de basura, chatarra y desechos tóxicos, por la extracción de recursos irrecuperables o por la obediencia a los organismos internacionales que han presionado para que los agricultores utilicen fertilizantes peligrosos y semillas modificadas genéticamente, se propone cuantificar esta deuda en términos monetarios y ubicarlo al mismo nivel que la deuda externa, de modo que se aminore, se cancele o incluso los países en desarrollo pasen a convertirse en acreedores. (Pengue, 2003:51-52)
Personalmente, no confío en que los organismos internacionales hagan grandes esfuerzos por tomar en serio el concepto de deuda ecológica, pero todo esto debería plantear preguntas trascendentes para el futuro de la vida humana tal como la conocemos. ¿Cuántos más podemos ser como especie? ¿Qué tan grande será nuestra huella en el planeta? Pero además, ¿qué pasa si comenzamos a cuantificar el daño ambiental? ¿Podrán los países más gastadores comprar algo así como cuotas de carga ambiental a países en desarrollo? (Durand, 2003:33-36)
Por último, dejo el enlace para que calcules tu propia huella ecológica y nos cuentas cómo te fue.
Enlaces relacionados
- Ecological Footprint Analysis. Información sobre la medición de la huella ecológica. En inglés.
- Deuda ecológica: arqueología y sentido de un concepto. Artículo de José Borrero.
- Ecological Footprint Quiz. Cuestionario para calcular la huella ecológica.
Referencias
- Durand, Frédéric, "Ceguera ante una amenaza mortal" en Salvar el planeta, Editorial Aún Creemos En Los Sueños, Santiago, Chile, 2003.
- Malthus, Robert, Primer ensayo sobre la población, Ediciones Altaza, Barcelona, 1997.
- Pengue, Walter Alberto, "Lo que el Norte le debe al Sur" en Salvar el planeta, Editorial Aún Creemos En Los Sueños, Santiago, Chile, 2003.
Etiquetas: ambiente, demografía, economía
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Este fue mi resultado:
EN COMPARACIÓN, LA HUELLA ECOLÓGICA PROMEDIA EN SU PAÍS ES 3.1 HECTÁRES GLOBALES .
EN EL MUNDO ENTERO EXISTEN 1.8 DE ÁREA BIOLOGICAMENTE PRODUCTIVA PARA HECTÁRES GLOBALES CADA PERSONA.
SI TODOS LO HABITANTES DEL MUNDO VIVIERAN COMO USTED NECESITARÍAMOS 1.2 PLANETAS
Ando mejoricto que la media pero igual es una lata que con mi comportamiento no baste para un planeta :)
De todos modos, de pequeño soy medio capitan planeta pa' mis cosas, no por mi fisico, que obviamente se puede confundir, sino en ser medio alaraco con esos temas.
Saludos
EN COMPARACIÓN, LA HUELLA ECOLÓGICA PROMEDIA EN SU PAÍS ES 3.1 HECTÁRES GLOBALES .
EN EL MUNDO ENTERO EXISTEN 1.8 DE ÁREA BIOLOGICAMENTE PRODUCTIVA PARA HECTÁRES GLOBALES CADA PERSONA.
SI TODOS LO HABITANTES DEL MUNDO VIVIERAN COMO USTED NECESITARÍAMOS 1.2 PLANETAS
Ando mejoricto que la media pero igual es una lata que con mi comportamiento no baste para un planeta :)
De todos modos, de pequeño soy medio capitan planeta pa' mis cosas, no por mi fisico, que obviamente se puede confundir, sino en ser medio alaraco con esos temas.
Saludos
Había olvidado anotar mi huella, que es de 3,1 há... estoy justo en la media chilena.
Yo soy más de ahorrar en basura y consumo: intentar utilizar menos cosas desechables, controlar luces y llaves, etc. Y ahora, viviendo en Santiago, estoy consumiendo una dieta más sana, de muchas frutas y verduras frescas (en variedades que no encuentras en Chiloé), pero el tamaño de la ciudad seguramente juega en contra de mi huella.
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Yo soy más de ahorrar en basura y consumo: intentar utilizar menos cosas desechables, controlar luces y llaves, etc. Y ahora, viviendo en Santiago, estoy consumiendo una dieta más sana, de muchas frutas y verduras frescas (en variedades que no encuentras en Chiloé), pero el tamaño de la ciudad seguramente juega en contra de mi huella.
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