5 de diciembre de 2006
El carisma de Pinochet
Etiquetas en Technorati: carisma, dominacion, pinochet
A raíz del nuevo revuelo que provoca la salud de Augusto Pinochet, y despertado por un artículo escrito por Karina, comencé a pensar en el peso que puede tener hoy día este personaje. A priori, diría que es algo más que nada simbólico, pues ni él tiene el poder como para cambiar la vida de muchos de nosotros (esperemos que aun haya tiempo de cambar la de los familiares de detenidos desaparecidos), ni tiene tantos partidarios que se desprendan del cálculo electoral. Así, pienso en el concepto de dominación carismátiaca de Max Weber, la que no necesita ejercer poder, sino simplemente “la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos”. (Weber, 1997:170) Es necesario que quien obedezca lo haga por su propia voluntad, algo que haga interesante la obediencia, en la que el mandato dirija la conducta con mayor fuerza que la propia opinión. Además, su legitimad, aquello que fundamenta la mantención de esta dominación, pasa por el reconocimiento de heroísmo y ejemplaridad del caudillo, o al menos de sus cualidades poco comunes.
Weber señala que el reconocimiento por parte de los dominados valida el carisma del caudillo, no lo que lo legitima. En el reconocimiento se corroboran las cualidades mediante la fe y el entusiasmo, y es parte de los deberes de los dominados, quienes aquí juegan su vocación.
Desde esta conceptualización, Pinochet goza del reconocimiento de sus seguidores cada vez que se ensalza el actual modelo económico, el que implementó una vez que tomó posesión del gobierno del país con el objetivo de evitar una guerra civil, a la vez que acabó con el fantasma del marxismo internacional y reorganizó al país en lo administrativo, político, legislativo y judicial. Y todo esto lo encabezó durante 17 años, durante los cuales sufrió un atentado, recibió el reconocimiento de los más variados líderes mundiales e impulsó procesos democráticos en momentos de crisis, dejando su puesto en el gobierno al perder el último plebiscito. Claro está, en su gobierno también hubo aspectos negativos, pero son atribuidos a condiciones ajenas a él, como puede serlo la extrema beligerancia de grupos disidentes, a los que hizo frente y no dio opción de manifestarse en todo su poder. Otro exitazo.
Desde 1998, la imagen de Pinochet ha cambiado. Una vez que dejó el gobierno siguió siendo poderoso mientras era comandante en jefe del Ejército, y posteriormente gozó del fuero parlamentario en su calidad de senador vitalicio. Pero su detención en Londres y su posterior regreso a Chile iniciaron el debate acerca de su salud. Cuando pisó la losa del aeropuerto, levantándose de su silla de ruedas para saludar a sus seguidores, olvidamos al líder autoritario que producto de un atentado podía convertirse violentamente en mártir; ahora vemos a un portador de estigmas, quien sufriente y doliente sigue adelante (o se mantiene a flote) de procesos judiciales y enfermedades de todo tipo. Al margen de la razonable duda acerca del real estado de su salud, es posible que estos episodios sean reconocidos por los dominados como nuevas demostraciones acerca de las excepcionales cualidades de Pinochet.
Pero, ¿acaso la dominación carismática se acabará cuando muera Pinochet? No, pues el carisma se rutiniza. Cuando la dominación va más allá de la obediencia personal y del reconocimiento, ésta se hace duradera, legalizándose y/o convirtiéndose en una dominación tradicional. [1] Esto sucede, por ejemplo, con la Fundación Pinochet, compuesta por un cuadro administrativo que desea mantener una relación en torno a la figura del caudillo y de establecer ante la sociedad una posición ideal y material que permita, entre otras cosas, “afianzar su prestigio de mando.” (Weber, 1997:196)
Por otro lado, quiero señalar lo que a mí me sugiere el eje transversal del reconocimiento de Pinochet, el que considera sus alcances políticos, militares y místico. En lo político, un gobierno que sentó las bases de lo que hoy es Chile; en lo militar, un mando que tomó parte del golpe de Estado que dio paso a la dictadura, y que encabezó el Ejército durante casi 30 años; en lo místico, la imagen de un bendito que se ha salvado de un atentado y de numerosos achaques “por milagro”. ¿Se configura así una trinidad que se funda en su paso por los tres grandes poderes que reconocemos en nuestras sociedades?
Notas
[1] La dominación tradicional es definida por Weber como aquella que se legitima en preceptos que se han heredado desde tiempos muy lejanos, y la creencia en esos preceptos se fundamenta en su santidad, y las relaciones entre soberano y cuadros administrativos pasa por la fidelidad de los segundos hacia el primero.
Referencia
- Weber, Max (1997), Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, Colombia, Primera reimpresión de la segunda edición en español de la cuarta edición en alemán, 1997.
Etiquetas: organizaciones, política
Pinochet como todo dictador suele reunir en torno suyo una serie de poderes: uno más llamémoslo espiritual, que es el que se forma en torno a su imagen y la personificación del régimen a su figura (Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, etc.); y por supuesto, el militar y político que es el que de verdad usan en todo momento.
Me ha gustado mucho el post, un saludo desde España
Lo del poder carismático todo de acuerdo, buen post.
saludos
saludos q estes bien
Por otro lado, es de esperar que su muerte vaya dando paso a que en política se discutan otros temas y que haya otros conflictos. Ya me tenía un poco aburrido el modelo típico de discusión política en Chile (aunque ya estaba desapareciendo):
*A acusa a B de corrupción/falta de liderazgo/mal manejo económico.
*B inquiere a A sobre su rol en la dictadura y dice que no tiene moral para acusar a nadie de nada.
*A responde llamado a olvidar de una buena vez el pasado y a mirar el futuro.
Por cierto, el concepto es sobre dominación, y no poder.
Ahora, queda ahondar en un proceso de transición, y para eso quizás debamos desmadejar aquellas cuentas pendientes que fueron condonadas por el gobierno de Aylwin. Y claro, superar una división tan profunda y tan marcada protagonizada por la figura del dictador.
Saludos a todos.
y ese carisma de pinocho solo lo tendre sobre sus dominados burgueses y a quellos q ayudo y q decian q habia q matar a todos los comunistas ql q qerian una supuesta dictadura marxista.
me extraña este post de un sociologo likeado por pato.
salu2
Por otro lado, en el artículo no hay por dónde encontrar una intención de convencerte de reconocerle a Pinochet el mismo carisma que le celebran sus seguidores.
Saludos.
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