16 de octubre de 2006
Apuntes sobre la historia peruano-boliviano-chilena (por poner un nombre)
Etiquetas en Technorati: historia, hito tripartita
Los pasados días martes 10 y miércoles 11 de octubre asistí al Foro Bicentenario Latinoamericano 2006, titulado "La construcción de las memorias nacionales: Mitos, tabúes y silencios de la historia". Se dividió en tres paneles, pero por pura arbitrariedad sólo voy a referirme al primero de ellos, llamado "La política de la memoria: Historia oficial y memoria social. Memoria de las guerras y construcción de identidades", en el que expusieron Cristóbal Aljovín (Perú), Gustavo Rodríguez (Bolivia), Juan Emilio Cheyre (Chile) y Marc Ferro (Francia).
Considero que este panel fue cruzado por tres grandes temas: el resentimiento, concepto que desarrolló especialmente Ferro, el cuestionamiento interno que llevan a cabo los países después de las guerras, y la complejidad de la historia, que suele ser reducida o ignorada.
Ferro señala que el resentimiento es "como un explosivo que estalla de vez en cuando", en que surgen hechos del pasado que son dolorosos. Si éstos hechos fueron reprimidos, el resentimiento los trae al presente y pueden ser más determinantes que el mismo contexto presente. Además, implica la humillación del resentido, lo que genera impotencia y un deseo de venganza, pero ésta sólo podrá darse si el rival reconoce a su contraparte. Sin embargo, del resentimiento pueden derivarse consecuencias positivas, pues obliga a un cuestionamiento interno que podría dar pie a la recomposición de la sociedad.
El caso de Perú, expuesto por Aljovín, refleja el concepto de resentimiento. Este país cuenta con cuatro hitos históricos: un pasado glorioso representado por el imperio Inca, el fin de ese período con la conquista por parte de los españoles, el proceso de independencia y la guerra del Pacífico. Es este último hito el que ha marcado la formación de la identidad peruana, humillada por Chile, país que quizás no ha reconocido en Perú a un rival. Esto ha favorecido una narración histórica muy simplista, donde se han silenciado algunos pasajes de la historia. Se ha intentado asumir dicha complejidad en los textos escolares, pero Aljovín señala que eso ha traído como consecuencia que se elabore menos narración histórica… no se ha asumido la complejidad de los hechos.
Me pareció especialmente relevante el llamado de atención hecho por Aljovín respecto a que se ha hecho de la guerra del Pacífico el común denominador entre Perú y Chile, aunque existen otros hitos relevantes, como los procesos de independencia en Latinoamérica o las dictaduras y el exilio. Y es que, como señala este expositor, Bernardo O’Higgins tuvo un rol en la formación del Estado peruano, y ambos países han recibido exiliados en distintos momentos.
Rodríguez también ratifica, de alguna manera, el concepto de resentimiento. Cuenta que en Bolivia la guerra del Pacífico no tuvo ribetes nacionales, sino más bien constituyó una lucha entre la élite boliviana y el capital extranjero. Al terminar la beligerancia esta élite gobernante, al ver reducido su territorio, tuvo que hacerse cargo de un país que no había sido considerado antes. Así, se generó un mito negativo acerca de Bolivia, fundado en la composición poblacional y geográfica. Pero fue recién hacia 1918 que nació un ideario nacionalista que concibe como única vía de desarrollo la recuperación de los territorios anexados por Chile. En este caso, el resentimiento ha impedido a Bolivia recomponer los frentes interno y externo, lo que se traduce en su conocida inestabilidad política y social.
Por otro lado, Rodríguez llama a asumir la complejidad de la historia, pero de manera nacional; intentar una historia compartida por Perú, Bolivia y Chile reproduciría un escenario de divergencia, por lo que prefiere un trabajo responsable al interior de cada país, de modo que aporten una narración compleja, sin integrar esta complejidad en un solo relato.
Cheyre señala lo paradójico que resulta el hecho que hasta ahora estos tres países −Perú, Bolivia y Chile− se integran a partir de un capítulo divisor: la guerra del Pacífico. Pero haber obtenido grandes triunfos no lo exime de un proceso de recomposición; no olvidemos que la independencia de Chile no había transcurrido de forma estable, y pocos años después de la guerra se produjo una nueva revolución. Cheyre rescata la capacidad de recomposición de la vida interna que tuvo el país, algo que quizás permitió la persistencia de instituciones arraigadas durante el siglo XX, pero no ha ocurrido lo mismo en el frente externo, hacia donde debe evitarse el resentimiento para pasar de una mera armonía a una integración entre naciones. Considera como necesarios la resignificación de símbolos y la proyección de la historia hacia el futuro, es decir, establecer confianzas desde una reconstrucción integrada de la memoria colectiva que permitan una cohesión social entre estos países.
No creo que este panel vaya a cambiar de forma definitiva las relaciones entre estos países, pero fue muy interesante y motivador conocer estos puntos de vista. Primero, porque da cuenta de los enfoques que surgen a partir de capítulos compartidos de la historia. Y es que la identidad que ha hecho a cada país no es un concepto abstracto que interese sólo a los investigadores. Basta con leer las cartas de lectores en los principales periódicos chilenos para ver cómo se discute, o cuáles son las tendencias de la opinión pública.
En segundo lugar, como aficionado a la historia, me gustó mucho la presentación de Ferro, donde la narración histórica tiene muchos elementos de la psicología social. Es decir, no se trata de producir manuales voluminosos en los que se cuentan cosas que sucedieron hace mucho tiempo; nos enfrentamos a la interpretación de los actores sociales cuyas acciones en el pasado se han proyectado hasta hoy, claro que sin asumir la complejidad de ello. Es decir, la proyección presente de lo que será la historia del futuro pasa por considerar los hechos más allá de su cronología.
Pero los ponentes no se ponen de acuerdo acerca de la forma en que se escribirá la historia. ¿Todos juntos o cada uno con responsabilidad? De lo expuesto creo que es fundamental la noción de eliminar de la narración histórica la tergiversación y el olvido de algunos pasajes. En el caso de Perú, Bolivia y Chile, los tres ponentes latinoamericanos se muestran interesados en reconocer capítulos de la relación entre estos países que no son necesariamente factores de desunión. De esa forma evitamos simplificar el cruce de nuestras identidades por la guerra del Pacífico y quizás nos encontremos con muchos más hitos tripartitas.
Para quien esté interesado en los contenidos de este foro, algunos de los trabajos presentados serán publicados en el sitio de la comisión Bicentenario.
Los pasados días martes 10 y miércoles 11 de octubre asistí al Foro Bicentenario Latinoamericano 2006, titulado "La construcción de las memorias nacionales: Mitos, tabúes y silencios de la historia". Se dividió en tres paneles, pero por pura arbitrariedad sólo voy a referirme al primero de ellos, llamado "La política de la memoria: Historia oficial y memoria social. Memoria de las guerras y construcción de identidades", en el que expusieron Cristóbal Aljovín (Perú), Gustavo Rodríguez (Bolivia), Juan Emilio Cheyre (Chile) y Marc Ferro (Francia).
Considero que este panel fue cruzado por tres grandes temas: el resentimiento, concepto que desarrolló especialmente Ferro, el cuestionamiento interno que llevan a cabo los países después de las guerras, y la complejidad de la historia, que suele ser reducida o ignorada.
Ferro señala que el resentimiento es "como un explosivo que estalla de vez en cuando", en que surgen hechos del pasado que son dolorosos. Si éstos hechos fueron reprimidos, el resentimiento los trae al presente y pueden ser más determinantes que el mismo contexto presente. Además, implica la humillación del resentido, lo que genera impotencia y un deseo de venganza, pero ésta sólo podrá darse si el rival reconoce a su contraparte. Sin embargo, del resentimiento pueden derivarse consecuencias positivas, pues obliga a un cuestionamiento interno que podría dar pie a la recomposición de la sociedad.
El caso de Perú, expuesto por Aljovín, refleja el concepto de resentimiento. Este país cuenta con cuatro hitos históricos: un pasado glorioso representado por el imperio Inca, el fin de ese período con la conquista por parte de los españoles, el proceso de independencia y la guerra del Pacífico. Es este último hito el que ha marcado la formación de la identidad peruana, humillada por Chile, país que quizás no ha reconocido en Perú a un rival. Esto ha favorecido una narración histórica muy simplista, donde se han silenciado algunos pasajes de la historia. Se ha intentado asumir dicha complejidad en los textos escolares, pero Aljovín señala que eso ha traído como consecuencia que se elabore menos narración histórica… no se ha asumido la complejidad de los hechos.
Me pareció especialmente relevante el llamado de atención hecho por Aljovín respecto a que se ha hecho de la guerra del Pacífico el común denominador entre Perú y Chile, aunque existen otros hitos relevantes, como los procesos de independencia en Latinoamérica o las dictaduras y el exilio. Y es que, como señala este expositor, Bernardo O’Higgins tuvo un rol en la formación del Estado peruano, y ambos países han recibido exiliados en distintos momentos.
Rodríguez también ratifica, de alguna manera, el concepto de resentimiento. Cuenta que en Bolivia la guerra del Pacífico no tuvo ribetes nacionales, sino más bien constituyó una lucha entre la élite boliviana y el capital extranjero. Al terminar la beligerancia esta élite gobernante, al ver reducido su territorio, tuvo que hacerse cargo de un país que no había sido considerado antes. Así, se generó un mito negativo acerca de Bolivia, fundado en la composición poblacional y geográfica. Pero fue recién hacia 1918 que nació un ideario nacionalista que concibe como única vía de desarrollo la recuperación de los territorios anexados por Chile. En este caso, el resentimiento ha impedido a Bolivia recomponer los frentes interno y externo, lo que se traduce en su conocida inestabilidad política y social.
Por otro lado, Rodríguez llama a asumir la complejidad de la historia, pero de manera nacional; intentar una historia compartida por Perú, Bolivia y Chile reproduciría un escenario de divergencia, por lo que prefiere un trabajo responsable al interior de cada país, de modo que aporten una narración compleja, sin integrar esta complejidad en un solo relato.
Cheyre señala lo paradójico que resulta el hecho que hasta ahora estos tres países −Perú, Bolivia y Chile− se integran a partir de un capítulo divisor: la guerra del Pacífico. Pero haber obtenido grandes triunfos no lo exime de un proceso de recomposición; no olvidemos que la independencia de Chile no había transcurrido de forma estable, y pocos años después de la guerra se produjo una nueva revolución. Cheyre rescata la capacidad de recomposición de la vida interna que tuvo el país, algo que quizás permitió la persistencia de instituciones arraigadas durante el siglo XX, pero no ha ocurrido lo mismo en el frente externo, hacia donde debe evitarse el resentimiento para pasar de una mera armonía a una integración entre naciones. Considera como necesarios la resignificación de símbolos y la proyección de la historia hacia el futuro, es decir, establecer confianzas desde una reconstrucción integrada de la memoria colectiva que permitan una cohesión social entre estos países.
No creo que este panel vaya a cambiar de forma definitiva las relaciones entre estos países, pero fue muy interesante y motivador conocer estos puntos de vista. Primero, porque da cuenta de los enfoques que surgen a partir de capítulos compartidos de la historia. Y es que la identidad que ha hecho a cada país no es un concepto abstracto que interese sólo a los investigadores. Basta con leer las cartas de lectores en los principales periódicos chilenos para ver cómo se discute, o cuáles son las tendencias de la opinión pública.
En segundo lugar, como aficionado a la historia, me gustó mucho la presentación de Ferro, donde la narración histórica tiene muchos elementos de la psicología social. Es decir, no se trata de producir manuales voluminosos en los que se cuentan cosas que sucedieron hace mucho tiempo; nos enfrentamos a la interpretación de los actores sociales cuyas acciones en el pasado se han proyectado hasta hoy, claro que sin asumir la complejidad de ello. Es decir, la proyección presente de lo que será la historia del futuro pasa por considerar los hechos más allá de su cronología.
Pero los ponentes no se ponen de acuerdo acerca de la forma en que se escribirá la historia. ¿Todos juntos o cada uno con responsabilidad? De lo expuesto creo que es fundamental la noción de eliminar de la narración histórica la tergiversación y el olvido de algunos pasajes. En el caso de Perú, Bolivia y Chile, los tres ponentes latinoamericanos se muestran interesados en reconocer capítulos de la relación entre estos países que no son necesariamente factores de desunión. De esa forma evitamos simplificar el cruce de nuestras identidades por la guerra del Pacífico y quizás nos encontremos con muchos más hitos tripartitas.
Para quien esté interesado en los contenidos de este foro, algunos de los trabajos presentados serán publicados en el sitio de la comisión Bicentenario.
Etiquetas: convocatorias, historia, investigaciones, reseñas
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Disfruté mucho este artículo, de hecho lo agregué a mi del.cio.us porque es muy enriquecedor leer reconstrucciones de seminarios de tan buen nivel.
Soy un fanático de la historia y comparto que este es un factor fundamental a la hora de hablar de configuraciones del presente a nivel societal. No me cabe duda que son muchos los factores los que influyen en el presente de nuestras naciones pero lamentablemente la guerra del pacífico es un hecho demasiado protagonista en la actual situación, marca un antes y un después en nuestro presente, Chile practicamente se indentifica a nivel económico con Chuquicamata y lo que es peor, ha existido casi una maquinación en los textos escolares por relacionar la precariedad económica boliviana a la "perversidad chilena". Esto no deja de tener cierta verdad a mi entender pero aquello debería (a mi criterio) enrostrarse educacionalmente como lo hacen los europeos: ciertas dinámicas pasadas de las cuales hay actores pasados tuvieron que tomar tales y tales decisiones las cuales independiente de que compartamos o no debemos asumir y reorientar nuestro radar al futuro. No deja de ser cierto que la posición europea de amistad igual tiene un denominador que es la gran estabilidad económica, política y social de sus naciones pero la misma historia es la que nos dice que el resentimiento jamás nos llevará a buen puerto y que en Chile tenemos mucha soberbia que sacarnos para con nuestros hermanos latinoamericanos.
Un abrazo
Soy un fanático de la historia y comparto que este es un factor fundamental a la hora de hablar de configuraciones del presente a nivel societal. No me cabe duda que son muchos los factores los que influyen en el presente de nuestras naciones pero lamentablemente la guerra del pacífico es un hecho demasiado protagonista en la actual situación, marca un antes y un después en nuestro presente, Chile practicamente se indentifica a nivel económico con Chuquicamata y lo que es peor, ha existido casi una maquinación en los textos escolares por relacionar la precariedad económica boliviana a la "perversidad chilena". Esto no deja de tener cierta verdad a mi entender pero aquello debería (a mi criterio) enrostrarse educacionalmente como lo hacen los europeos: ciertas dinámicas pasadas de las cuales hay actores pasados tuvieron que tomar tales y tales decisiones las cuales independiente de que compartamos o no debemos asumir y reorientar nuestro radar al futuro. No deja de ser cierto que la posición europea de amistad igual tiene un denominador que es la gran estabilidad económica, política y social de sus naciones pero la misma historia es la que nos dice que el resentimiento jamás nos llevará a buen puerto y que en Chile tenemos mucha soberbia que sacarnos para con nuestros hermanos latinoamericanos.
Un abrazo
Pato, gracias por tu comentario. No he podido responder antes por no contar con internet. Tu apreciación la comparto, pero debo complementarla, pues en este foro se señaló para la reconciliación entre las naciones europeas fue especialmente relevante su fuerte fundamento nacional y democrático: estos tres países se enfrentaron en una guerra atribuida a intereses europeos, con una población más caudillosa que nacional. Así, el proceso de humillación y resentimiento fue más recomponedor que generador de impotencia. Este tema en particular me pareció muy interesante, y creo que parte de esa fortaleza en las instituciones la vimos en Chile el siglo pasado, donde gobiernos de distinta tendencia, más o menos autoritarios, más o menos respetuosos, mantuvieron igual sistemas educacionales, sanitarios y demás servicios. Pero eso es harina de otro saco.
No deja de ser cierto que la posición europea de amistad igual tiene un denominador que es la gran estabilidad económica, política y social de sus naciones pero la misma historia es la que nos dice que el resentimiento jamás nos llevará a buen puerto y que en Chile tenemos mucha soberbia que sacarnos para con nuestros hermanos latinoamericanos.
Gómez, por si a alguien le quedó la duda, la reseña de tu libro se lee en este blog.
Saludos.
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No deja de ser cierto que la posición europea de amistad igual tiene un denominador que es la gran estabilidad económica, política y social de sus naciones pero la misma historia es la que nos dice que el resentimiento jamás nos llevará a buen puerto y que en Chile tenemos mucha soberbia que sacarnos para con nuestros hermanos latinoamericanos.
Gómez, por si a alguien le quedó la duda, la reseña de tu libro se lee en este blog.
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