23 de junio de 2006

No somos mariachis ni cazamos anacondas

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InglésEl idioma inglés se instala como el que nos comunica de manera más masiva, al menos en el mundo occidental. Fenómenos parecidos ya han habido, como es que el francés haya sido la lengua de la diplomacia durante el siglo XIX, intermediando entre personas influyentes que sabían emplearlo. Sin embargo, el inglés de hoy se nos presenta en pequeñas dosis, una y otra vez, ya sea para vender (free, sale out), para exclamar (hello!, in my life), para darnos estatus (account executive). Eso sí, también hay vocablos que han pasado a formar parte de nuestro lenguaje, como «fútbol» y «aguaite». Debemos reconocer que hay conceptos que no podemos traducir directamente del inglés al castellano, pero muchas veces terminamos claudicando nuestra lengua natal por palabras extrañas. Esto no tendría nada de malo si no fuera porque pocos hablan inglés con fluidez, menos aun somos capaces de pensar en en un idioma diferente al propio, por lo que quedamos en desventaja intelectual cuando cedemos a conceptos cuyos alcances no conocemos.

El inglés está presente en el comercio, en la cultura, en el deporte, en las relaciones sociales, y quienes no dominamos esa lengua llegamos tarde a todo. Es curioso que en estos momentos la globalización no nos impone límites territoriales, sino límites grupales que trascienden límites geográficos, y hoy las personas influyentes de los grupos angloparlantes han homogeneizado la comunicación mundial.

Kincheloe y Steinberg definen el multiculturalismo pluralista como una postura ante la diversidad cultural que concibe la igualdad jerárquica entre grupos, es decir, no distingue grupos superiores o inferiores, pero reconoce múltiples diferencias entre ellos que se conjugan en la sociedad. Sin embargo, aun cuando no reconoce un grupo superior, sí asume un grupo central en torno al cual se construyen las relaciones intergrupales: para potenciar la diversidad (y la tolerancia a ella), los individuos que componen los grupos dominantes deben adquirir un bagaje cultural mínimo que posibilite el trato con otras culturas, y quienes pertenecen a los grupos circundantes deben aprender las pautas culturales de los primeros para desenvolverse en el medio configurado desde los grupos dominantes. Este enfoque posibilita que las culturas secundarias sean definidas en función de las centrales, aceptándolas como iguales pero imponiendo códigos propios. Así ocurre, por ejemplo, con la turistización de muchos territorios ocupados por grupos secundarios. Como para recordar que en Latinoamérica no somos todos mariachis, ni pasamos el día cazando anacondas.

No vale la pena fundamentar el uso de un idioma puro, pero es importante considerar que si utilizamos conceptos en inglés debemos pasar por una aprehensión del mismo, conociendo sus implicancias, y en el mejor de los casos, aprender a expresarnos con esos códigos. Eso sí, primero debemos saber hablar bien el castellano.


Referencia

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Comentarios:
Me gustó este artículo sobre todo la parte final, ya estaba preparando un comentario medio venenoso pero al leer tu tesis sobre la dificultad de apelar al idioma puro ero si la necesidad de comprender el castellano es una apuesta que yo alego harto (a excepción de la música eso si, para mi las letras son solo palabras, no tengo ni el más leve problema que me saquen la madre en inglés pero si me la sacan con tonos atractivos y con una buena mezcla músical no hay atado.

(Prefiero eso a esos grupos chantas que son medios filosofos y de música le hacen poco)
 

¿Y de qué trataría tu comentario ácido?

Saludos.
 

y existen personas que se toman el tiempo para comentar estos pseudos comentarios intelectualoides.. (aparte de la excepción que estoy haciendo en esta oportunidad... y que estén seguros no se volveran a repetir..) veo que si, a mi entender, aquello si merece de un estudio sociológico agudo..
 

Alvaro:

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Saludos Chepe
 

Pato, por la acidez, juraría que 'el usuario anónimo' fuiste tú.

Jejeje.
 

ups, me pillaste, jajajaja, lamento desilusionarte alvaro pero el usuario anónimo no soy yo, (no me gustan los anonimatos, soy demasiado pretensioso). Respceto a la acidez, lolamento pero no me gusta ponerme en situacione prefactuales, tiraste tu artículo así y no de otra manera.

saludos "psudointelectual".
 

Pato, a mí me trataron de pseudointelectual, pero a tí te toman por ocioso, jejejeje.

Saludos.
 

Hola Alvaro.

En verdad no se puede negar la penetración que han tenido términos extranjeros en la lengua propia. Y que este fenómeno es más intenso con la globalización y el enorme desarrollo de tecnologías de la comunicación tambien. Tengo entendido que algunos le llaman transculturación.

Me da la sensación que eso se reproduce porque las nuevas palabras foraneas cobran un sentido propio en determinados grupos sociales (sean etareos u otros); por ejemplo es mas frecuente ver gente joven y cabritos diciendo "sorry" que ver adultos y viejos diciéndolo. (y me da la sensación - puedo equivocarme - que 'sorry' es "más liviano" que 'disculpa' o 'perdón' como expresión).

En todo caso, los lengüajes siempre van mutando.

Saludos, que estés bien
 

Buena apreciación esa de la liviandad de 'sorry'. Y a lo mejor tiene que ver con una aceptación conformista de la aceptación del lenguaje. A ver si alguno se pone las pilas con un 'estudio sociológico agudo', al menos a mí este tema casi que me apasiona (aunque no me he metido de lleno en él).

Saludos.
 

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