28 de mayo de 2007

Desarrollo sustentable en SocioloRock

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Llevo casi dos meses sin actualizar este blog, pero este tiempo no ha sido en vano. Las últimas semanas he estado revisando bastante material sobre desarrollo sustentable, un concepto que no es neutro y genera reacciones de todo tipo. La definición más difundida dice que el desarrollo sustentable “es el desarrollo que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de que las futuras generaciones puedan satisfacer sus propias necesidades.” (Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, 1988) Con esto se intenta conciliar tres grandes dimensiones: lo económico, lo social y lo ambiental; a una noción de desarrollo fundado en el crecimiento económico, que es lo que permitiría mejorar la condición humana, se agregó décadas atrás la “cuestión social”, la inquietud de que este desarrollo no puede darse en base a la explotación y la injusticia social. Y el tema de hoy es que nos damos cuenta de otro problema: existen límites físicos para un desarrollo basado en el crecimiento económico.

También se instala una conciencia ética intergeneracional: las generaciones futuras no deben asumir las dificultades generadas por un consumo indiscriminado de los recursos naturales, en especial respecto a la extracción de recursos naturales no renovables y a la destrucción de ecosistemas.

Éste es el punto de partida de algunas discusiones y reflexiones que quiero escribir en este blog, y este adelanto vale para recibir ideas y enfoques que puedan servir para debatir sobre el desarrollo sostenible. De momento, podemos plantear discusiones acerca de la ambigüedad que representa el desarrollo sustentable. También podemos discutir sobre cuál debiera ser el adjetivo del desarrollo (¿sustentable, sostenible, sostenido, sustentado?). E incluso más relevante: ¿debemos seguir comprometidos con el desarrollo basado en el crecimiento económico?


Referencia

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9 de marzo de 2007

A paso de oruga: Transantiago

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Llevo dos días enfrentando al Transantiago. A casi un mes del radical cambio en el transporte urbano santiaguino llegué a la capital creyéndome informado, pero me esperaban varias sorpresas durante mis recorridos.

1º Round. Mi primer round se inició el jueves 8 de marzo por la tarde. Mi intención era trasladarme desde Irarrázaval hasta Alameda, a la altura de la Biblioteca Nacional. Antes de partir, examiné mapas e identifiqué calles y recorridos. Se supone que, de las dos micros que pasan por mi punto de origen, una micro me llevaría directamente a mi destino. Sin embargo, después de 20 minutos en que no pasó ninguna máquina llegaron 5 micros juntas de la otra línea disponible... tomé una de ellas, pues al otear el horizonte no divisé ninguna alternativa. Finalmente bajé a 5 ó 6 cuadras de donde debía llegar. Cuando revisaba la propaganda del Transantiago, en que invitan a planificar los viajes y ejemplifican con recorridos cuyas alternativas involucran uno, dos, tres o cuatro medios distintos y combinados, yo cuestionaba la utilidad de saber que tomando dos locales, una troncal y un metro llegaba al mismo lugar que tomando sólo una. Bueno, es necesario, pues la frecuencia con que pasan las micros llega a ser exasperante y, no olvidemos, los transbordos son el eje de la forma en que los planificadores diseñaron nuestros movimientos por la ciudad, por lo que ya no nos sirve el concepto de la micro que nos sirve para un recorrido completo.

2º round. Una vez en el centro tenía que volver a la casa. Desde Alameda hay sólo una micro hacia Irarrázaval y la comuna de La Reina. La larga espera se multiplicó por dos debido a que no alcancé a subir a la primera máquina que se detuvo en el paradero. Y cuando digo que no alcancé, me refiero a que ni siquiera cupe al intentar subir por las puertas traseras. En el segundo intento logré acomodarme en el estrecho pasillo de una máquina atestada de gente. Esta micro no se detuvo en algunos paraderos por no tener más capacidad, mientras que a la altura del metro Irarrázaval monitores del Transantiago, mapa en mano, intentaban organizar una larga fila de usuarios. En este viaje no subieron más de 5 de ellos. Finalmente llegué a mi destino de un solo viaje, pero al llegar a la casa mi aspecto no debe haber sido el de un pasajero de micro, sino el de un sobreviviente de una magna orgía: pelo desordenado, camisa arrugada y sudada, olores de otros y otras, además de un cansancio en las piernas por sortear baches, curvas a alta velocidad y empujones varios.

3º round . La maldita tarjeta BIP funciona cuando quiere. He tomado 7 micros y en 6 mi tarjeta ha fallado, teniendo que pasarla hasta 5 veces frente al validador (¿así se llama esa cosa?). Hoy me cobraron las dos micros cuando hice un transbordo de un viaje que, en total, no debe haber durado más de 40 minutos.

4º round. Claro, uno planifica su viaje y hasta considera los transbordos (tras las dificultades comentadas en el 1º round), pero no hay forma de prever dónde lo dejarán y dónde podrá tomar una nueva micro. En Providencia tuve que caminar varias cuadras para encontrar un paradero que me sirva. Había bajado en uno en el que no paraban servicios que me sirvan, caminé un par de cuadras hacia otro paradero que tenía el cartel negro de recorridos, pero no indicaba qué recorridos se detenían allí. De hecho, ninguna máquina se detuvo mientras estuve allí. Caminé un par de cuadras más hacia un punto donde se aglomeraba mucha gente, y la confusión era extrema, pues empezaron a pasar micros cuyos recorridos iban acompañados de letras minúsculas (después sabría que indicaban recorridos expresos −e− y cortos −c−) y no se detenían. Finalmente pasó una que tomé de hastiado, ni me fijé en el número ni en las calles que tomaría, pero era una micro a la que pude subirme por fin, además que se supone que aun me quedaban minutos y transbordos disponibles. Lo entretenido es que me tocó ir de copiloto, haciendo equilibrios entre el chofer y un validador (¿o tiene otro nombre?), donde escuché una extensa conversación entre dos mujeres y el conductor. Este último señaló que para su rubro este sistema es mejor, pues se ven menos expuestos a los asaltos, ya sea en las calles o en las planillas a fin de mes, pero se mostraba preocupado porque la situación no mejorara pronto, considerando que aun no está todo el público esperado −faltan muchos universitarios− y que en invierno la incomodidad será mayor.

La llegada de las lluvias y el frío es cosa seria. ¿Lo habrán previsto los planificadores? Si no mejoran las frecuencias los estrechos paraderos, allí donde existen, no evitarán que nos mojemos esperando una micro. Si no se informa mejor de los paraderos para cada recorrido, caminaremos desorientados buscando nuestros puntos de transbordo. Y viajar mojado en una micro llena de otras personas mojadas, donde se generará calor humano que contrastará con el frío del valle una vez que bajemos a por otro recorrido puede crear un problema de salud pública… todo por andar en micro.

Cambiando de tema, no sé si andaría con cara de perdido, la gente me encuentra simpático o es que conversar de transportes con desconocidos ahora es habitual. Y en estos siete viajes he sabido de barrios sin locomoción, de experiencias sobrenaturales a bordo de las micros, de robo de tarjetas BIP, de mafias en las juntas vecinales asociadas a los operadores del Transantiago. Pero lo más entretenido son los nombres que le han puesto al mentado 'plan estrella': Transguatazo, Transtortuga, Transan-tiago, Tranchascarro…

¿Hay algo bueno con el Transantiago? En las calles se ven claramente menos micros que antes, disminuyendo el ruido, quizás la contaminación. Este punto podría ser cuestionado rápidamente argumentando que menos micros involucra un peor servicio. Quizás sea cosa de tiempo, de conocer mejor este sistema, de familiarizarnos con los cambios que presenta respecto al sistema anterior, de sacarle provecho a los transbordos. Como me contaban ayer, recorrer la Alameda a las 7 de la mañana resulta más rápido en micro que en metro, tal vez porque mucha gente está utilizando, a modo de evento novedoso, las combinaciones posibles con el transporte subterráneo y ha dejado de lado los buses en este trecho.

Finalmente, después de rabiar con el Transantiago encontré dos artículos bien interesantes. En ¿Por qué no ha funcionado Transantiago? revisan los principales temas pendientes del Transantiago. En Transantiago, o el exceso de confianza en los expertos plantean que el principal defecto de este proyecto es una mala estrategia comunicacional, señalando que ésta ha dado señales equívocas a los usuarios y ha contribuido a confundirnos aun más.

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23 de febrero de 2007

Meme: Influencias

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Pato Padilla, desde Becuadro, se ganó otro punto en Technorati y me pasó un meme que consiste, según leo en Inmanencia, en pasar revista a quienes han influenciado intelectualmente. Vamos a ello.

Bertrand Russell: Matemático y filósofo, tuvo 98 años para pensar y escribir sobre muchas cosas. Comencé a leerlo desde pequeño, pues mi viejo también es fan de este autor. En Russell busco su racionalismo, la fuerza que le da a las palabras en la reflexión, su postura no violenta, su teoría del conocimiento, su empirismo... Su debate entre ateísmo y agnosticismo es algo que me intriga hasta hoy. Creo que queda claro que Russell es un héroe (jamás un modelo a seguir, siguiendo recomendaciones malthusianas).

David Hume: Empirista, para quien el conocimiento se logra sensorialmente, y no sólo porque leamos de los libros. Por lo mismo, centra su reflexión en cómo percibimos y ordenamos lo que nos rodea, poniendo en duda las visiones normativas del comportamiento humano. Fue uno de los primeros utilitaristas, interpretando hacia la cohesión social la elección y justificación de nuestros actos.

John Locke: Un liberal y empirista. De él me marcó esa constante confrontación al lector, fragmentando todo lo que percibimos, presentando sus partes por separado y luego reconstruyéndolo todo.


A estos tres autores los leí en mi adolescencia, y debo haber revisado a algunos más, pero son éstos a los que he recurrido frecuentemente. Durante mis estudios en sociología conocí a muchos colegas, y durante esos años me marcaron los siguientes "colegas".

Max Weber: Curiosamente a Max no lo conocí hasta estudiar sociología, pero ubicaba a su hermano Alfred, también sociólogo, por su trabajo sobre Chiloé. En Economía y sociedad encontré la referencia al idealismo para no hacer de las ciencias sociales una hija bastarda de las ciencias naturales, reflexionando sobre la realidad para darle un sentido más allá de nuestras experiencias y sensaciones, dando lugar a una sociología interpretativa.

Alfred Schutz: Y en la misma línea interpretativa de Weber, Schutz apuesta por idealizar los procesos de comprensión de la realidad en la vida cotidiana. Aunque no sé si será una gran influencia o es que teminé demasiado engrupido después de terminar mi tesis.

Niklas Luhmann: No suelo compartir mucho con Luhmann, pero los ramos de teoría en mi carrera casi se limitaron a estudiar a este autor, por lo que su influencia está presente. No concuerdo con dirigir nuestra atención a redes de comunicación, pero sí me ví fuertemente inspirado por no centrarnos en la descripción de estructuras y analizar sistemas sociales en un esquema funcional. No soy un adepto, pero allí hay un pensamiento y un lenguaje que considero muy valioso.

Edgar Morin: Es un autor cuyo trabajo aun no domino, pero me resulta muy atractivo su paradigma de la complejidad y su propuesta de política planetaria.


Ahora, para seguir con este meme, cualquiera puede tomarlo y continuar con él, pero se lo dejo explícitamente a Dasten, José Luis, y Arlette, quien ya tiene tema para su primer post en su blog (se viene!!).

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2 de febrero de 2007

Críticas al 'apagón' europeo

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Ayer, 1 de febrero de 2007, el movimiento ambientalista europeo se desconectó de la energía eléctrica durante 5 minutos a modo de sensibilizar al mundo acerca del proceso de cambio climático y sus consecuencias.

Esta acción, impulsada por L'Alliance Pour La Planète, logró convocar a miles de personas, gobiernos, empresas y organizaciones de todo tipo. Pero también existen críticas a esta iniciativa, las que apuntan a señalar el carácter meramente mediático, sin ser un aporte real en la disminución de la contaminación del planeta.

La organización portuguesa Quercus no adhirió a esta campaña, criticando el enfoque en la producción de energía eléctrica. Ella sostiene que el mayor contaminante es el transporte y la generación de dióxido de carbono, y que con el apagón "se corre el riesgo de pasar el mensaje equivocado de que para reducir el efecto estufa hay que apagar la luz, en vez de reducir las emisiones de dióxido de carbono, que son las verdaderas culpables". (Fuente) También manifiesta su preocupación en el impacto en el abastecimiento de electricidad.

Por su parte, el sector eléctrico español anunció que una bajada y subida bruscas en el consumo de energía puede impactar negativamente en los usuarios, siendo necesario incluso tomar medidas que implican el derroche de agua para sortear esta situación. (Fuente) No tengo claro si concretaron o no esas posibilidades.

En los medios se ha hecho hincapié en el ahorro de energía logrado por esta manifestación, y se han calculado dólares, euros, millones de ampolletas y cuanta equivalencia pueda hacerse. Lo cierto es que la misma organización convocante señaló que "no se trata de economizar cinco minutos, sino de llamar la atención de los ciudadanos, de los medios y de los que deciden sobre el desperdicio de energía y la urgencia de pasar a la acción." (Fuente) Así las cosas, me ha gustado mucho este párrafo, que expresa de forma muy gráfica la crítica a una iniciativa mediática sobre una población aun poco sensible:

A todo ello se suma por si no fuera poco, que parece que los malos de la película son aún por encima las compañías energéticas como las causantes de todo mal. Sin embargo, somos nosotros los que no queremos renunciar a las comodidades en las que nos hemos acostumbrado a vivir y ellas, no hacen más que servirnos la energía necesaria para que toda nuestra confortable vida se lleve a cabo. Y lo que nos enfadamos cuando nuestra compañía eléctrica o de gas natural no cumple con su servicio y nos deja sin luz, tele o agua caliente, entonces la vida del caribú, el oso panda o los deshielos de los casquetes polares nos importan lo que nos importan.
(Fuente)


Lo importante es que el revuelo ya fue creado, y ahora es cuando la discusión debe ir más allá del evento particular. Entre otras cosas, se puede plantear el cambiar las ampolletas por otras de bajo consumo, o seguir este régimen de vida ecológica.


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